jueves, 2 de octubre de 2014

Hojas


He sacado las botas y las camisas de manga larga. Sigiloso como un gato siento el invierno escondido en hojas rojas de otoño. Toca desprenderse de todo lo que quise en verano, de todo aquello que me abrasó la piel con salivas amargas. Durante semanas me empeñé en intentar sujetar las ramas de cada árbol, intenté convencer al sol, no nos dejes sin calor por un verano austral.

Pero el frío llega, congela el recuerdo y la memoria cambia de color. Me rindo a los días de transición, me hago hoja y caigo al suelo. Me tumbo y me dejo mojar de heladas adolescentes, de amaneceres aún largos e indecisos. Me dejo llevar por el rocío de la mañana y la memoria sigue cambiando de color. 

Dejo atrás las carreras sin ver, bajo la mirada al suelo, aterrizo y ya no siento aquello. Se fue lejos, encuentros ya enterrados en arena, arrastrados al fin del océano en resaca de mar. 

Camino hacia el otoño con hojas en cambio, con un nuevo color y con sorpresa porque, entre hojas rojas, por casualidad, aparecen otras. Y aquí vamos, en transición, dejándonos deslizar en un charco de agua tibia, reconociéndonos en la misma gama de color. Un baño de otoño sin travesía de mar. Dulzor, fuego calmado, transición de otoño.



Esto es el otoño y el invierno ya dirá.




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