Sábado de mañana ansiosa, vueltas en el agua, mano
de uñas rojas que pega contra una cruz, a un lado y a otro, al ritmo de mi
cabeza, 2, 4, 10, 50, 60…
Fuerte y con recursos, tú sí, me dices, te
pregunto, qué haríais, si yo no…
Sábado de mediodía antiguo. Con matices de
tardes en Hendaya de hace ya 20 años, nuestras charlas, ese vínculo único,
irrompible, donde nadie más, jamás, podrá entrar.
Comida asiática. Y esto me recuerda a Vietnam,
mmm…toque Tailandés…Viajar…Escribir…De nuevo viajar…
Tarde de tiendas y tiendas, y no hace falta
hablar porque soy tú y tú quedas en mí. Vamos a jugar, que esto no lo podemos
comprar, pero sí lo podemos probar. Tacones, que me caigo…
Por la noche, la lluvia borra el miedo de tus
frases, pensar que lo hacíamos todo bien, ¿y para qué?
Y yo te digo que para luchar AHORA, para eso es…Aunque
sólo sea eso…
De vuelta, alegre, se rompió la distancia del
no saber, del rol invertido. El miedo se ha calmado y me esperan un par de ojos
bien abiertos, bocas que no quieren terminar de hablar, algo nuevo y cálido. ¿Es posible caer en una red de suave algodón y
sabor a miel? Arañita intrépida con ojos de color ámbar que teje
a mi alrededor.
Ya es lunes, despierto con la nuca despejada, con
Asia en los labios, con miles de sueños en mis manos…



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