Aquí se mezclan todas las minorías étnicas de la región vistiendo sus mejores atuendos. Colores y más colores.



Y olores...Especias, cilantro, salsa de pescado, ganado, carne...


Desde la mañana no me encuentro demasiado bien. He dormido casi 13 horas y aún así me han tenido que despertar, "¿Tan cansada estaba?" Da igual. Sigo adelante. Paseo por el mercado, regateo unos pantalones bordados a mano y empiezo a sudar. De repente hace mucho calor y todos los olores son demasiado fuertes, la gente me empuja y busco salir de la muchedumbre.



Encuentro una calle plagada de propaganda comunista, y una furgoneta, el refugio perfecto. Me siento detrás, escondiéndome de los vendedores que me siguen, huyendo del ajetreo, buscando silencio y aire fresco. Visito todos los posibles baños de la calle, reales e imaginarios, y me vuelvo a sentar. Pinchazos, entre otras cosas, y hambre, a pesar de encontrarme mal. Aparecen dos australianos que acabo de conocer y me recogen. Me compran una botella de agua y disuelvo en ella el suero oral. La compañía me hace sentir mejor, me relajo y me atrevo a acompañarles a comer.
A pesar de encontrarme mal, me niego a dejar de comer lo que se me ofrece, me niego a rechazar la invitación de la tía de Zao que me invita a comer en su casa. Arroz, tofú con tomate y cebolla, ternera, col china al vapor, jengibre picado con cacahuetes...Cuando uno quiere saca energía de cualquier parte...Esta mañana fui al médico para que me revisara un poco. Sigo arrastrando una pequeña colitis y me han dicho que tengo que matar a mi bichito asiático el cual, por lo visto, es aquí conocido como parásitos, hongos y gusanos varios.
Me da igual. Me lo volvería a comer todo, todo, todo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario