
Ayer me pusieron la vacuna contra la fiebre tifoidea, así que hoy estoy algo tifosa, es decir, llevo todo el día metida en casa con una serie de síntomas algo peculiares. Me duele la cabeza, pero sólo en la parte inferior izquierda. Tengo fiebre, pero aún no he llegado al delirio.
Por la mañana he desayunado y, forrada hasta las cejas, he cruzado las dos calles que me separan de la biblioteca. Me pongo a rebuscar y empiezo a pensar que el dolor de cabeza no es más que una contractura por mantener el cuello inclinado para leer los títulos.
Entre libros el tiempo vuela. Los quiero leer todos, así que cojo uno y lo sujeto apretándolo bajo el brazo. Cojo otro y me parece mejor, así que dejo el anterior y sigo buscando.
Sólo puedo escoger tres historias. Sí, ya sé que hay más días, pero son historias que asociaré a mi crisis tifoidea el resto de mi vida. Tengo una gran capacidad asociativa y estas cosas se han de tener en cuenta.
Pasillo va, pasillo viene y de repente se me antoja remolacha...Tengo hambre de remolacha, de una mezcla de aguacate, de verde y rojo.
¿Tendrá algo que ver este antojo con mi crisis tifoidea? Por lo que he leído, la remolacha es un potente anticancerígeno, además de ser bueno para prevenir enfermedades coronarias. Pero nada que haer con las crisis tifoideas.
Da igual, vuelvo a casa cargada de libros, películas, pepinos y remolacha. Porque hoy es el día del rojo púrpura, de los sabores ácidos y de las emociones amargas.
Leo Biografía del Hambre, de Amélie Nothomb, y no descarto unirme a ella y formar la organzación mundial de piradas mentales que se ven desbordadas por obsesiones culinarias y que ensalzan el desarraigo como bandera nacional.
Entre capítulo y capítulo, preparo mi ensalada verde y roja. Como en un cuadro, voy mezclando colores: un poco de zanahoria, remolacha por la derecha, pepino en el centro y maiz esparcido a partes iguales. Esto es lo que me pide el cuerpo, o la fiebre tifoidea. En cualquier caso, ella está dentro de mí en estos momentos (o lo intenta), así que he decidido hacernos caso quien quiera que sea que lo necesite.
La ensalada triunfa, en mi boca y en mi cerebro. El dolor de cabeza desaparece, con lo que le acabo de atribuir a la remolacha propiedades analgésicas. Y los demás, que digan lo que quieran.
Me deja un buen sabor de boca y tanto color me despierta. "Necesito escribir".
Y aquí estoy.
Analgésico, antidepresivo y catalizador de ideas. Un bravo por la remolacha.
3 comentarios:
Coincidencias de la vida:
- Me puse la vacuna del tifus hace un mes antes de ir a Kenia
- En el viaje a Kenia devoré dos libros de Nothomb (journal d'hirondelle y stupeur et tremblement)
- Hoy he comido un salpicón con salsa de remolacha.
Igual estamos asociadas, en el pensamiento, digo.
¿Vacuna del tifus? ¿Dónde te vas? :)
... si no fuese por el malestar ... el resto de los sínto+, parezen atrayentes ... unas fiebres tifoideas, haga el farol ... pero me la pone sin fiebre, vómitos, mareos (weno ... mareos si ...) ...
SALUZ Petit Pipa
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