En la pared de mi cocina pone que a veces hay que caerse para encontrar la solución. No sé si es la solución o simplemente abrir los ojos y preguntarse a uno mismo, ¿qué quiero hacer?, ¿qué deseo?
Creo que nos quedamos encerrados, como un armario empotrado, dentro del cajón, escondido entre calcetines desemparejados que esperan un rescate.
Afortunadamente no me he caído. Ya tuve mis deslices, percances y golpes inesperados como para poder permitirme estar en pie un rato. Aún así, la vida me lleva a seguir mi instinto, a incumplir mi propia contradicción, a subirme muy alto en sueños borrascosos y sonreír en aguas de nebulosa perdida. A veces, cuando salgo de este viaje acuariano, cuando me doy cuenta de que mi vida se tuerce si no apoyo el pie en el suelo nada más que para no caerme en un singletrack, intento seguir la norma, pensar en la seguridad del hogar, en lo que se espera, en lo que se nos enseña.
Pero algunos quizá no nacimos para ser así. No negaré que sueño con que la creatividad se exprese a través de la sangre, que sueño con una casa en la que el horno funcione con la misma intensidad con la que se saborea un buen vino. No negaré que sueño y vivo en mi hogar y en mi lugar, que adoro noches como ésta en la que entre buena música y buen vino dejo volar los dedos sobre el teclado y sueño, sueño y sueño. No negaré que la rutina me sienta bien porque soy un ser con tendencia caótica y desordenada, un ser que necesita poner límites cuando su x tiene a infinito.
Sin embargo, no puedo dejar de emocionarme cuando algunos de mis sueños se cumplen. No puedo dejar de pensar que admiro a un padre que lucha por cumplir sus sueños y que ahora se encuentra rodeando la costa portuguesa rumbo al otro lado del charco. Me lleva de nuevo a aquel día en el que le describí la libertad absoluta que sentí en el desierto de Australia. "Ahora entiendes lo que siento en el mar cuando nada más me rodea".
Con los años he aprendido a potenciar y proteger mi espacio de sueños. A veces lo confundo con la realidad pero sé lo que quiero, y no me quiero quedar parada. No me quiero conformar ni decir que voy tirando. Quiero seguir siendo como siempre fui: atrevida y audaz en la vida, dando vueltas al globo. Tímida, muy tímida, dicharachera por vergüenza, siempre nerviosa ante ese primer beso. Contadora de historias, sí, contadora de historias. Aventurera de la vida, de los sueños y de x, cuando tiende a un infinito incierto.
¿Y qué quiero? Quiero lo que hago. Luchar día a día por sentirme viva, sentir que lo que hago digo o siento merece la pena y me hace sonreír. Quiero seguir con estas líneas que me sacian, vivir y poder contar. Sonreír y contar. Llorar y contar. Conocer y contar. Encontrar y contar. Ser y contar. Vivir y contar. Aquí o allá.
A veces, la aventura puede estar en la puerta de casa. A veces, un poco más allá. Pero siempre llega si te abres a ella.
Dentro de poco soñaré en la puerta de casa. Más adelante quizás un poco más allá.
Enjoy the ride!
Creo que nos quedamos encerrados, como un armario empotrado, dentro del cajón, escondido entre calcetines desemparejados que esperan un rescate.
Afortunadamente no me he caído. Ya tuve mis deslices, percances y golpes inesperados como para poder permitirme estar en pie un rato. Aún así, la vida me lleva a seguir mi instinto, a incumplir mi propia contradicción, a subirme muy alto en sueños borrascosos y sonreír en aguas de nebulosa perdida. A veces, cuando salgo de este viaje acuariano, cuando me doy cuenta de que mi vida se tuerce si no apoyo el pie en el suelo nada más que para no caerme en un singletrack, intento seguir la norma, pensar en la seguridad del hogar, en lo que se espera, en lo que se nos enseña.
Pero algunos quizá no nacimos para ser así. No negaré que sueño con que la creatividad se exprese a través de la sangre, que sueño con una casa en la que el horno funcione con la misma intensidad con la que se saborea un buen vino. No negaré que sueño y vivo en mi hogar y en mi lugar, que adoro noches como ésta en la que entre buena música y buen vino dejo volar los dedos sobre el teclado y sueño, sueño y sueño. No negaré que la rutina me sienta bien porque soy un ser con tendencia caótica y desordenada, un ser que necesita poner límites cuando su x tiene a infinito.
Sin embargo, no puedo dejar de emocionarme cuando algunos de mis sueños se cumplen. No puedo dejar de pensar que admiro a un padre que lucha por cumplir sus sueños y que ahora se encuentra rodeando la costa portuguesa rumbo al otro lado del charco. Me lleva de nuevo a aquel día en el que le describí la libertad absoluta que sentí en el desierto de Australia. "Ahora entiendes lo que siento en el mar cuando nada más me rodea".
Con los años he aprendido a potenciar y proteger mi espacio de sueños. A veces lo confundo con la realidad pero sé lo que quiero, y no me quiero quedar parada. No me quiero conformar ni decir que voy tirando. Quiero seguir siendo como siempre fui: atrevida y audaz en la vida, dando vueltas al globo. Tímida, muy tímida, dicharachera por vergüenza, siempre nerviosa ante ese primer beso. Contadora de historias, sí, contadora de historias. Aventurera de la vida, de los sueños y de x, cuando tiende a un infinito incierto.
¿Y qué quiero? Quiero lo que hago. Luchar día a día por sentirme viva, sentir que lo que hago digo o siento merece la pena y me hace sonreír. Quiero seguir con estas líneas que me sacian, vivir y poder contar. Sonreír y contar. Llorar y contar. Conocer y contar. Encontrar y contar. Ser y contar. Vivir y contar. Aquí o allá.
A veces, la aventura puede estar en la puerta de casa. A veces, un poco más allá. Pero siempre llega si te abres a ella.
Dentro de poco soñaré en la puerta de casa. Más adelante quizás un poco más allá.
Enjoy the ride!
No hay comentarios:
Publicar un comentario