miércoles, 25 de junio de 2014

Slowhipster

Me acuerdo que cuando era pequeñita y comía pescado rebozado con patatas fritas (nunca me gustó la carne), tenía una paciencia infinita. Me gustaba comerme la carne del pescado quitando el rebozado, mover las patatas a un lado y comerlas al final. Cuando desayunaba me quedaba absorta en mis pensamientos, mirando cómo las pompas del colacao sin remover iban subiendo desde el fondo hasta la superficie. Luego hacía castillos de galletas con mantequilla y mermelada, presionaba y lamía poco a poco la mezcla rosiblanca hasta ablandar la galleta y poder comerla.

Estos días desayuno acompañada, dos y un gato, o yo y el gato.Me gusta observar cómo comemos cada uno. Leo es como yo cuando era pequeña, administra sus bolitas aunque tenga muchas ganas de comerlas. Olisquea, remueve, mira. Supongo que también imagina...El señor globo siempre se deja un poquito también. Come despacio, siempre en su plato. Y yo, ahora que estoy tranquila y cuidada, también me dedico a este nuevo estado.

Hoy éramos dos en el desayuno. Leo, el de los pelos, y yo. Mirando mi tazón con arroz y trigo sarraceno, leche de avena y canela, me remonto a mi infancia. Estoy tranquila y cuidada así que empiezo a imaginar de nuevo. Puedo ser un poco irresponsable y no comer, no hay prisa. Sólo hay cuidado. Así que me vuelo por la ventana y Leo no es Leo, es Gobolino el gato faldero  y yo, yo soy la Mujer Cometa, reina de los sueños estrellados, la chica de los zapatos rojos, la que siempre huele a canela.

Admito que sueño demasiado. Me gusta imaginar y desear. Sueño con platos llenos de colores, con montañas infinitas y con saltos sobre ruedas. Sueño con príncipes que no se acercan nunca para no convertirse en rana y con el jardín de más allá, aquel que siempre está verde. Quizás sea inmadurez o falta de conformismo. Aunque estos días todo cambia y sueño en la realidad que vivo. Es dulce y picante como la canela, suave y saciante como el arroz con leche, cálida y colorida como la crema de calabaza. Sueño con la realidad y dejo que mi globo se deshinche un poco para bajar a tierra, pero poco a poco, porque siempre me dio miedo vivir aquí, donde los reales hieren, donde los reales tocan. Siempre quiero más y busco, pero ya no es momento de buscar, es momento de encontrar la gracia, en este plato que siempre usas, en los post its de la mañana. Dejar que el sueño se transforme, que el olor a canela invada el suelo, el baño y la estancia. Dejar de querer siempre más y disfrutar, comiendo despacio, apartando el rebozado, dejando las patatas para el final y lamiendo mis dulces castillos de sueños inmensos.



1 comentario:

Pekas dijo...

Preciosas letras....
"yo soy la Mujer Cometa, reina de los sueños estrellados, la chica de los zapatos rojos, la que siempre huele a canela."

Me ha encantado...!!!

Un abrazo desde las estrellas...mujer cometa.. ;-)