Recuerdo que hace años, cuando comencé a correr, me pasaba los días haciendo maletas mientras corría. Escogía un destino y me entretenía con todos los preparativos. Hace mucho ya de aquello. He viajado, he vivido y aquí sigo, corriendo de nuevo, aunque últimamente mi cabeza no me permite soñar con viajes ni preparativos. Mi cuerpo no me lo permite, mi mente no lo permite y el mundo a veces parece no querer dejarme.
Hoy corrí el cross de Ziordia. Con catarro, con regla, con dolor, con tristeza y preocupación, con añoranza y desasosiego, con exigencia y cierto reproche. Es la primera vez que corro y mi madre no está. No he hecho tantas carreras pero esto del correr es algo nuestro, tan del día a día, "¿hoy saliste a correr?" "ufff, yo llevo toda la semana sin poder salir".
Malas sensaciones corriendo y la cabeza dando vueltas. Siempre fui de fondo y no de distancias cortas, pero aún así, sé que no voy bien. La carrera me deja de importar, me importa cómo me siento, me importa la frustración de esta salud renqueante que me paraliza, un problema que da el pistoletazo de salida a un sistema que deja de funcionar. Y cuando me empiezo a agobiar, toso, me duele el cuerpo, el gluten aún intoxica mis órganos y las hormonas no me dejan pensar con claridad escucho a Jon "aupa Marta, ondo?" "Bai. nos queda poco..."
Abro los ojos bien abiertos y ahí está mi equipo. La ama está en casa, con sus cosas, intentando seguir adelante con todo lo que se ha venido encima este mes, descansando para luchar de nuevo el lunes, porque hoy es domingo. Pero aquí, a mi lado, está mi equipo de apoyo. Jon que se ha venido de Zarautz y que me apoya más de lo que se imagina. Y Rove. Fiel,leal, siempre disponible.
Así que a partir de la primera vuelta dejo de hablar y empiezo a pensar. No hago carreras para ganar. Lo hago porque necesito tener un objetivo, un plan y una dirección. Lo hago porque soy autoexigente al límite, dura y cabezona. Lo hago porque no quiero aceptar las limitaciones del cuerpo y porque creo que mi mente me puede llevar mucho más allá, en una carrera y en la vida. Lo hago porque necesito creer en mí. Y lo hago porque últimamente hay dos cosas que me dan pánico, la soledad y la muerte. La última es inevitable y la primera es irreal, pero hoy sentí un pequeño vacío de soledad. Hoy ella no estaba allí, me faltó la palmadita en el culo en la salida, su organización, incluso su aprobación y me preguntaba si volverá a suceder.
Segunda y tercera vuelta, si todo es no, al final por eliminación, como en matemáticas - y - dan +. Arriba y adelante. Porque no se sabe qué pasará, porque ella estará bien. Seguro. Porque yo pronto estaré bien. El cuerpo cambia y aunque mi cabeza quiera poner "otro" delante de "bache" yo sé que es uno. En algún momento pienso que no podré cumplir con todo lo que me propongo pero nadie me lo va a impedir más que yo misma, y eso no va a suceder. Sobretodo porque ese miedo, estos frentes abiertos por uno y otro lado van cayendo vuelta tras vuelta, largo tras largo, ascensión tras ascensión.
Como ocurre a veces cuando subo a Ezkaba, lloro de frustración en la subida, me tropiezo, me siento agotada y enferma, pero me niego a parar y voy aún más rápido, porque sé que arriba todo está despejado, que las vistas son preciosas y que siempre el esfuerzo se ve recompensado. Llego arriba, llego a la meta y veo tanta belleza que de repente siento que todo no puede ser solo para mí, que lo quiero compartir. Porque no estoy sola. Y todos los amaneceres del mundo, las metas de cada carrera, los pensamientos de cada entreno, todo lo bello que sale de mí por ser pro en ganas de vivir y en pasión, todo eso lo quiero compartir. Con vosotros. Yo no quiero nada para mí. Así que pienso que quizás también corra para sentir y compartir.
Hoy antes de las vueltas, durante y después, me acordé de vosotros. De los que conozco mucho, de los que conozco poco, de los que veo y de los que no veo. Tantos a mi alrededor. Somos solos pero no estamos solos. Es tan sencillo como vivir y querer compartir. Sentir un paisaje precioso como el de la Sakana, sonreír a aquellos que se esfuerzan en hacer un recorrido para que todas estas letras puedan nacer y dejar que la vida fluya y fluya. Salir a correr, vivir y compartir, montar en bici y compartir, nadar y sonreír bajo el agua. Vivir y sentir. Y si puede ser entre montañas y con vosotros, mucho mejor.
P.D.: Y como todo esfuerzo se ve recompensado a Jon le ha tocado una caja llena de birras y a mí un queso entero...




1 comentario:
Grande Marta!!!
Me permito incluirme en los "vosotros" porque me hace feliz leerte.
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