Entre el verano tardío y el otoño, sintiendo la tierra a cada paso. Las hojas ya caen, las setas asoman tímidamente en el bosque, la luz se vuelve tenue, pálida, cercana al suelo en su declinar. El fuego del verano se calma y con él todo se vuelve más pequeño, la vida se mira a sí misma, hacia el interior. Me repliego un poquito sembrando el interior con semillas de arroz, preparando el terreno para el metal y el agua, para los días fríos. Guardo para recoger, descanso para despertar cuando la madera aparezca tras la nieve derretida.
1 comentario:
Muy bonito, :-)
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