





El otro día soñé que una bola de fango se atascaba en mi garganta. No podía respirar. No podía hablar. Con mucho cuidado conseguí meter los dedos y tirar de una brizna de hierba pegada al lodo. Lo saqué al exterior y lo tiré lejos, muy lejos. Poco a poco el aire comenzó a entrar, mi cuerpo despertó y mi voz volvió a nacer.
Hay veces que no digo las cosas y muchas veces olvido todas las veces que debía decir y nunca dije. Tengo una lista enorme en la que voy tachando poco a poco. Esto y aquello, lo uno y lo otro, esto te lo digo o simplemente me lo digo a mí misma, que salga fuera, aunque ya sea demasiado tarde.
Ahora tengo cosas que decir, emociones que vibran, sentimientos que me callo. ¿Cómo lo hacen los demás? Porque yo siento y río, comparto y disfruto, lanzo mensajes mentales por los cuatro costados y, aún así, no termina de llegar...
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Vigila con qué riegas tus sueños. Si los riegas con preocupación y miedo, obtendrás malas hierbas que asfixiarán tu sueño hasta matarlo. Si los riegas con optimismo y soluciones, cultivarás el éxito.
LAO TSE (H.604-H. 531 A.C.), CHINA
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