lunes, 26 de septiembre de 2011

Juego de luces























¿En qué momento nos dimos cuenta de que cada ingrediente se añade en un momento determinado?, ¿cuándo aprendimos que realmente cada paso ocurre dentro de su fase? ¿cuándo terminamos por aceptar que no podemos hacer todo al mismo tiempo?

Removiendo poco a poco, que los ingredientes de la vida se mezclen con dulzura, empapándose del agua tibia con sabor de pasado y experiencia. Así es como hemos de vivir: sin grandes ambiciones de chef y respirando este aire que nos eleva y nos pierde en nuestro mundo, siempre lejos, arriba, con nosotros mismos...

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Los negativos fotográficos constituían la prueba más concluyente que podías obtener de tus recuerdos. Eran la quemadura que dejaba el fuego, la contusión que te quedaba en la piel. La misma luz que, el día que tomabas la foto, llevaba hasta tus ojos la imagen de tu madre, de tu padre o de tu amigo íntimo, quedaba grabada en la película. Y ahora, contemplando la reciente fotografía de los pies de Ida, transparentes, sobre las sábanas de la cama, pensó en cómo se parecían a los negativos: ambos pertenecían a ese mundo semirreal entre la memoria y el presente. No eran unos dedos de los pies reales, flexibles, capaces de pisar, sino un juego de luces que mostraba dónde habían estado esos dedos.

La chica con pies de cristal, Ali Shaw

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