martes, 16 de marzo de 2010

Sencillamente empezar

Hoy es un día de inspiración nostálgica. Hoy me toca derribar los muros de una epidermis que a veces se tiñe de negro y me asusta. Hoy me toca admirar y contagiarme de las creaciones de los que quiero y, como he leído por ahí, aprovechar para que hoy también sea mi día de escribir, porque los colores ajenos me contagian de creatividad, me lanzan en catapulta al mundo de mis sueños y entonces creo, creo y creo...


Aquí uno de mis grandes apoyos que es ya una nueva voz...¡Felicidades preciosa! Te quiero con locura.


Y a ti Marta, gracias por enseñarme a mí misma.




No quiero morir

Suzuki Roshi fundó el San Francisco Zen Center, y a él le debemos el libro Zen Mind, Beginner’s Mind. Por lo que me han contado, era un gran maestro zen. Murió de cáncer en 1971. Cuando un maestro zen muere, nos gusta pensar que, en el momento de entrar en el Gran Vacío, diga algo extremadamente profundo, como "Acordaos de despertar" o bien "La vida es eterna". Poco antes de que Suzuki muriera, Katagiri Roshi, amigo suyo desde hacía mucho tiempo, fue a hacerle una visita. Kattagiri estaba de pie junto al lecho; Suzuki levantó la mirada y dijo "No quiero morir". Precisamente así. Era quien era, y expresó con simplicidad lo que sentía en aquel momento. Katagiri hizo una reverencia. "Gracias por su gran esfuerzo".

Katagiri Roshi dice que cuando una persona que tiende a la espiritualidad se encuentra frente a una gran obra de arte, se siente sosegada. En cambio, cuando el que mira la obra de arte es un artista, este siente el estímulo perentorio de crear otra. El artista rezuma vitalidad como la persona espiritual rezuma paz. Sin embargo, prosigue Katagiri, tras la paz de la espiritualidad hay una vitalidad intensa y una total espontaneidad, entendida como un actuar en el momento presente. El artista, por su parte, aunque exprese vitalidad, debe poder alcanzar una gran tranquilidad; de otra forma, se quemará. Lamentablemente, conocemos demasiados ejemplos de artistas que se han quemado en el alcoholismo, el suicidio o la enfermedad mental.

Por eso, cuando estemos ocupados en escribir, aquella llama de vida que estamos tan ansiosos de expresar tendrá que encontrar su origen en la paz interior. Esto nos ayuda a no dejarnos arrastrar por la excitación precisamente en mitad de un cuento, a tal extremo de que no consigamos terminarlo. En nuestro interior tiene que existir una parte capaz de expresar con absoluta simplicidad lo que sentimos, como la persona que en su lecho de muerte dice "No quiero morir". Sin rabia, sin fustigarnos y sin autocompadecernos, sino simplemente aceptando la verdad de lo que somos. Si, al escribir, sabemos alcanzar este nivel, conseguiremos encontrar un punto de apoyo que nos permitirá crecer como escritores. Y aunque prefiramos estar entre las montañas del Tibet y no en nuestro escritorio de Newark, en New Jersey, y aunque la muerte aúlle a nuestras espaldas y la vida ruja ante nosotros, podremos simplemente empezar a escribir, sencillamente empezar a escribir lo que tengamos que decir.


Natalie Goldberg

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, Martufla, de verdad. Buf, me hace mucha mucha ilusión ver que os emocionáis así con estas cosas.

Qué bonito el texto, artista zen.

Te quiero mucho.

Anónimo dijo...

Lindo, muy lindo, Marta, y sobre todo, tan verídico!!!
Gracias...
Un beso fuerte.

Pekas dijo...

... tantas cosas por decir....

Un buen "re-comienzo"... sin duda... así de "sencillo"... empezar... re-comenzar...

Besos y abrazos... sencillos...

Karracolina dijo...

escribir es muy dificil...y quien tiene ese don no debe de dejarlo...continua niña..continua...

Pep dijo...

... aprovetxa ... aprovetxa ...

... para la piel un buen wante de krin ... y frotar ...

Saluz sobre todo