Este fin de semana estuve en Barcelona, punto de conexión Vigo-Madrid y lugar de reencuentro para retomar nuestras charlas universitarias. La vida sigue y nosotras caminamos en la misma dirección.
Cada mañana la vida me deja un regalo a los pies de mi cama. Es un paquete pequeño, del tamaño de un puño, envuelto en papel de celofán y con un lazo azul. En su interior hay una caja, llena de fragmentos de mi misma.
Ana y yo también debíamos de tener nuestros personajes. Y, como nadie puede verse realmente a sí mismo, estoy seguro de que nos habría sorprendido y quizá incluso herido lo que veían los demás.
Media Vida. V.S. Naipaul
1 comentario:
Todo lo dicho. Hasta la siguiente escala física, y, mientras tanto seguimos conectadas.
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