
En 1974, cuando Miss Shepherd y su furgoneta se instalaron definitivamente en el jardín de la casa de Alan Bennett, ya hacía varios años que ambas eran conocidas en el barrio. Tras algunos extraños encuentros, y después de que algunos gamberros comenzaran a atacarla, Alan Bennett le sugirió que pasara las noches en un cobertizo de su jardín. Aunque, afirma el escritor, él jamás se engañó pensando que su impulso obedecía a razones puramente caritativas; aquel sadismo le había perturbado demasiado, se pasaba el día vigilando a Miss Shepherd, y así no podía escribir. Y éste fue el comienzo de una convivencia que duraría quince años, hasta la muerte de la excéntrica, reservada y digna Miss Shepherd, una persona y una presencia muy reales, y con más de una identidad y una vida, como descubrió Bennett después de su muerte. «El hipnótico retrato de una marginada con un espíritu indomable, un texto sostenido a partes iguales por la fascinación y la compasión. Y también por algunos de los estallidos de comicidad más inteligentes que ha producido la escritura del siglo XX» (The Village Voice).
Me lo apunto en la lista de pendientes...
7 comentarios:
Qué buena pinta...
¿Y qué hay de los objetos perdidos en las fragos???
;)
Besitooo
Pues que son más listos que los dueños...Yo creo q le gustó el valle de Ansó y allí se quedó
vaya tela, vaya tela ... lo mismo son los imanes... que lo atrapan todo
...p3R0K3nV1D14!!!...
sALUZPIPA
ayssss Pablito!! esos imanes!! ya decía yo... ;-)
Ayysssssss... si algunas fragonetas hablasen... ;-)))
Me lo compraré en cuanto pueda... ya que de momento no puedo pillarme furgo... menos da una piedra, dicen, verdad? Un besote, Marta!!!!
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