Alguien dijo hace poco en un mail que con su blog recuerda y que ojalá lo hubiese hecho antes. Por eso quiero retomar algunos recuerdos y plasmarlos. Para que no se pierdan. Mi gran sueño cumplido: viajar por el centro de Australia. Visitar Uluru y Kata Tjuta. Perderme en la inmensidad de los ocres, lejos de la civilización...Un sueño que he tenido desde pequeña y que tenía que cumplir sola, sin ningún compañero de viaje de partida, y con todos los compañeros que uno va acumulando en un viaje como éste.
Viviendo en Australia, la aproximación no era demasiado complicada: vuelo directo Sydney-Alice Springs. Alojamiento...lo que se tercie. Contacto de un guía para perderme por la inmensidad, un presupuesto muy limitado y los nervios que anteceden a cualquier viaje en solitario. No estamos en la época más calurosa y, aún así, las altas temperaturas me obligan a buscar deseperadamente mi sombrero en la mochila y a refugiarme en las sombras nada más llegar. Por la noche, las temperaturas descienden y tiro de la poca ropa de abrigo con la que cuento viviendo en un país en el que predomina el buen tiempo.
Mi impresión de Alice Springs es que nos encontramos en otra realidad. En sus calles, los aborígenes permanecen inmóviles bajo los árboles, y cuando se mueven, lo hacen lentamente. Se trata de una brutal adaptación, una forma de gastar la menor energía posible ante un entorno tan hostil.Doy una vuelta por la ciudad. Las licorerías tienen tres rejas, para evitar los asaltos de los jóvenes aborígenes. Desgraciadamente, el alcohol es un serio problema para ellos y, de hecho, los territorios aborígenes son zonas secas por mutuo acuerdo. Entrar en ellas con alcohol conlleva graves sanciones.Consigo habitación en un pequeño hostal en el centro y conozco a Ian, un chico de Darwin que se ha venido en coche y pretende hacerse un tour por la zona él solo... Nos tomamos un par de cervezas (VB, por supuesto). Me despido tras escuchar las maravillas del Northern Territory y hago una nota mental.

Al final, nos juntamos un par de ingleses y yo para hacer el mismo recorrido y compartir una semana de polvo, calor, percances, risas, sueños, decepciones...Las horas de rectas infinitas en todoterreno son agotadoras. En la parte delantera suena Mignight Oil, Cold Chiesel (and the last plane out of Sydney is almost gone...).

La primera noche en un swag australiano resulta intranquila...Pienso en las serpientes, me encojo al oir a los camellos salvajes, algo se arrastra cerca de mí, aquello que se escucha, ¿es un dingo? No pego ojo...A medida que me adapto a esta naturaleza tan viva, me voy relajando y las siguientes noches duermo a pierna suelta.
Uluru- Nunca en mi vida he visto nada igual. El amanecer, el atardecer, su transformación camaleónica con el paso de las horas. Le doy la vuelta a sus 10km de diámetro y no subo porque en la cima están los malos espíritus (según los aborígenes), así que respeto la tradición y pienso que desde arriba se ve lo mismo que vi desde el avión.
Seguimos, nos dirigimos a Kata Tjuta. Otra maravilla del mundo. Ahora entiendo por qué esto es patrimonio de la humanidad... Lo recorremos enterito y el agotamiento empieza a calar. Levantarse a las 4 de la mañana, tras noches de cerveza junto al fuego, andar bajo el sol abrasador... Kata Tjuta me sorprende aún más que Uluru. Quizá por la soledad que inspira, por sus formas redondeadas, por su historia amenazante. Los aborígenes mandan a los hombres jóvenes a vagar por estas zonas durante un año. Solos. Si sobreviven, se les permite ser líderes y ser responsables de un grupo. Otra historia. Condena por asesinato entre aborígenes de la zona... El "viejo sabio" lleva al condenado y lo abandona entre estas formas anaranjadas. Le venda los ojos, le ata las manos. El condenado empieza a escuchar y sentir en su piel lo que más teme: serpientes, arácnidos...Descanso y vuelta a empezar. Así hasta enloquecer.
Nos dirigimos a una reserva aborigen. Tenemos un permiso para entrar en una aldea. Bajamos del todoterreno y todos los aborígenes se paralizan, miran a otro lado y se apartan. Entramos en una tienda y de pronto la tienda está vacía. ¡Me tienen miedo! ¡Soy blanca! Es una sensación incómoda. Quiero decirles que no tienen nada que temer, pero ¿quién soy yo para hacerles olvidar los años de locura y tormento a los que se vieron sometidos con la llegada de los colonos británicos? A partir de aquí, todo cambia. Como dijo el Che...Yo ya no soy yo, al menos no soy el mismo yo interior. Esa noche, me subo al techo del todoterreno y cruzada de piernas observo el atardecer ante cientos de km de planicie y arbustos. Y pienso.
Ya sólo nos queda una visita más: The Lost City y Kings Canyon. Aquí hay un microclima subtropical. Me baño en una gran poza entre aves exóticas. En las rocas se ven medusas fosilizadas. Todo esto fue mar. Pero eso fue hace miles de años.
Volvemos a Alice Springs y pienso que no me importaría quedarme. Me despido de mis compañeros de viaje, me despido de mi sueño cumplido. Ahora, casi 5 años después de este viaje, algo en mí sigue intacto: el saber que existe ese otro lugar lejano y perdido. Saber que nuestra realidad es una entre millones y que la perspectiva es tan sólo un punto de vista.
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3 comentarios:
Gusta ...gusta....
Por momentos crei estar leyendo a la prota de "Las voces del desierto..."
Está claro... tú ya no eres tú allí dentro... :-)))
Un abrazo...
Queria decir... tú ya no eres la misma tú dentro de tí... ;-)))
Clarísimo, inside out...jje...jo, pues me he saltado la parte en que se "ode" el motor del 4x4 y el teléfono por satélite se queda sin batería...fue divertido...jeje
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