Fui en busca de hadas y silencio, en busca de un lugar en el que esconder mi realidad y dejar volar la imaginación. Hayas y robles, musgo, humedad, verde, verde y más verde. Necesitaba mirar de cara a la esperanza, salir de mi interior, unir mis lágrimas al tranquilo sonido del río.
Doy pedales buscando respuestas y un martilleante qué te ocurre, por qué no reaccionas, se repite pedalada a pedalada. Veo piedras mojadas en el camino, mis ruedas resbalan y no me queda más remedio que confiar. Subo cuestas y no me queda más remedio que tomármelo con calma, darle al molinillo y no mirar lo que aún queda, pensar que el siguiente paso es el más importante y que lo demás ya vendrá.
Salgo del bosque y ya he dejado la ermita de Santa Engracia perdida en el valle. Ya no veo mi casa a lo lejos. No tengo cobertura y aquí estamos, mi bici y yo. Así que me siento, cierro los ojos, respiro y las mismas preguntas me siguen taladrando la cabeza, ¿qué me ocurre?, ¿qué me está pasando?, ¿qué nos está pasando?...
Lo bueno del silencio es que a veces uno oye. Sí. En el silencio se oyen los gritos de nuestro interior. Se oyen las respuestas, se oye lo que tenemos que oír. Pero cuando hay silencio y hay gritos, también hay que escuchar. Lanzo las preguntas y recibo otra pregunta de vuelta, "¿Pero por qué te preguntas tanto? Quizás no ocurra nada que tú no hagas que ocurra".
Y en cierto modo es así. Siempre habrá preguntas si no paramos de buscar respuestas porque a través de la pregunta buscamos (busco) no aceptar mi realidad, no aceptar lo que soy y cómo soy y mientras siga forzando, mientras busque huir a través de la pregunta sin respuesta, seguiré siendo el Principito dando vueltas a su planeta o el perro buscándose el rabo.
Me voy a ir de vacaciones. A descansar. A estar. Y a trabajar. Trabajar el silencio, sin preguntas. Trabajar la calma, sin forzar. Trabajar el disfrute, sin agotar. Trabajar el placer, sin engañar. Trabajar el bienestar, sin limitar. Me voy a reconstruir desde los cimientos, voy a quitar el papel de preguntas falsas y personajes que recubren mi cuerpo, voy a derribar este bungalow inestable y voy a dejar que aparezca mi realidad, mi casa de piedra, robusta, fuerte y sabia.
Porque estoy cansada de preguntar fuera, de pensar que no sé lo que me ocurre, de ignorar la fuerza de la mente y sus terribles escaqueos y sobre todo de saber y no querer escuchar. Estoy tan cansada que me pongo enferma, muy enferma y cuando ya no puedo más, me asusto y creo que muero entonces no me queda más remedio que escuchar.
Así que shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Silencio
No hay más preguntas
Se cierra la sesión
Doy pedales buscando respuestas y un martilleante qué te ocurre, por qué no reaccionas, se repite pedalada a pedalada. Veo piedras mojadas en el camino, mis ruedas resbalan y no me queda más remedio que confiar. Subo cuestas y no me queda más remedio que tomármelo con calma, darle al molinillo y no mirar lo que aún queda, pensar que el siguiente paso es el más importante y que lo demás ya vendrá.
Salgo del bosque y ya he dejado la ermita de Santa Engracia perdida en el valle. Ya no veo mi casa a lo lejos. No tengo cobertura y aquí estamos, mi bici y yo. Así que me siento, cierro los ojos, respiro y las mismas preguntas me siguen taladrando la cabeza, ¿qué me ocurre?, ¿qué me está pasando?, ¿qué nos está pasando?...
Lo bueno del silencio es que a veces uno oye. Sí. En el silencio se oyen los gritos de nuestro interior. Se oyen las respuestas, se oye lo que tenemos que oír. Pero cuando hay silencio y hay gritos, también hay que escuchar. Lanzo las preguntas y recibo otra pregunta de vuelta, "¿Pero por qué te preguntas tanto? Quizás no ocurra nada que tú no hagas que ocurra".
Y en cierto modo es así. Siempre habrá preguntas si no paramos de buscar respuestas porque a través de la pregunta buscamos (busco) no aceptar mi realidad, no aceptar lo que soy y cómo soy y mientras siga forzando, mientras busque huir a través de la pregunta sin respuesta, seguiré siendo el Principito dando vueltas a su planeta o el perro buscándose el rabo.
Me voy a ir de vacaciones. A descansar. A estar. Y a trabajar. Trabajar el silencio, sin preguntas. Trabajar la calma, sin forzar. Trabajar el disfrute, sin agotar. Trabajar el placer, sin engañar. Trabajar el bienestar, sin limitar. Me voy a reconstruir desde los cimientos, voy a quitar el papel de preguntas falsas y personajes que recubren mi cuerpo, voy a derribar este bungalow inestable y voy a dejar que aparezca mi realidad, mi casa de piedra, robusta, fuerte y sabia.
Porque estoy cansada de preguntar fuera, de pensar que no sé lo que me ocurre, de ignorar la fuerza de la mente y sus terribles escaqueos y sobre todo de saber y no querer escuchar. Estoy tan cansada que me pongo enferma, muy enferma y cuando ya no puedo más, me asusto y creo que muero entonces no me queda más remedio que escuchar.
Así que shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Silencio
No hay más preguntas
Se cierra la sesión



1 comentario:
Valiente.. por reconocer-te... por escuchar-te... por atrever-te...
Aprender a convivir con el ruido..para identificar los sonidos... y tamizar las edades..
Siempre adelante... Un abrazo...
Publicar un comentario