lunes, 7 de abril de 2014

Muchas veces creo que es la adrenalina lo que me hace volver una y otra vez a la roca, pero no. No es el miedo, no es el esfuerzo, no es el grado, no es el reto, no es estar al aire libre, no son los viajes, no es la fuerza física, no es el riesgo, no es nada de eso.

Vuelvo una y otra vez, reniego y echo pestes para después pegarme a ella como una lapa. La roca, mi relación perfecta, mi gran pasión, quizás mi gran amor. Me peleo con ella, puñetazos y patadas. Y la odio. Sí, la odio porque a veces me hace daño, porque no me deja, porque me lanza lejos, porque me engaña con sus curvas.

Pero me pego a ella porque la amo. Sí, la amo por su tacto bajo mis dedos, por la forma perfecta en la que mi cuerpo se ajusta a cada uno de sus relieves. La amo porque me permite bailar con ella, jugar con ella, danzar cruzando los brazos, subiendo un pie, equilibrio pasando la pierna por detrás... La amo porque me sostiene y me da tregua cuando abajo no hay más que vacío y oscuro.

La amo porque me da la oportunidad de avanzar, de agarrarme a ella para no caer. La amo porque la roca es posibilidad de decisión. Ella se muestra y yo elijo si subo o bajo, si vengo o voy. Ya sé lo que hay abajo, todo aquello que viví, todo aquello que fue y ya no es. Miro y veo mi trayectoria. Aquí estoy, tras todo el esfuerzo me encuentro en este único paso. Aquí. Ahora.



Después
Bajo
Sí, encadené
Hay buenas vistas
Hay buena compañía
Pero eso otra historia...










1 comentario:

Pekas dijo...

Pues si.. echaba de menos tus letras.. ;-) y si... hay amores.. que son para siempre... ;-)

Un abrazo desde las montañas... Me gustaron tus fotos...