jueves, 23 de diciembre de 2010

Nada de nada, todo de todo

Este año no me pido nada a los Reyes Magos, ni tampoco a Papá Noel porque hace ya dos años que pedí un cambio y un poquito de luz al final del túnel y ahora ya no necesito calefacción para calentar mis manos, ni necesito iluminar mis miedos para no caer en la oscuridad de mis agujeros negros. ¿Y por qué no decirlo? Poquito a poco me lo he currado, día a día me he lanzado a mi interior y noche tras noche me he enfrentado a mis fantasmas, a mis carencias, a mis dotes y a mí misma, mi única verdad.


Así que con todo el desparpajo del mundo he de decir que soy feliz. Sí. Soy muy feliz.


Tengo más salud de la que nunca podría imaginar. No como gluten, pero nadie debería comerlo en las dosis en las que lo comemos, es una elección personal. No como otras cosas, pero no es que no pueda, sino que no me da la gana, porque si algo he aprendido es que estamos acostumbrados a alimentar el ego y cuando estamos tristes le damos comida al corazón, que no sabe digerir y no tiene dientes. Soy feliz cocinando mis "alpistes", soy feliz descubriendo la química de mi organismo, soy feliz sin pisar una farmacia, sin sentir cansancio, ni agotamiento, soy feliz entendiendo mi cuerpo, escuchando y conversando con esta envoltura que me permite moverme y disfrutar.


Paz interior...¿Quién no la busca? Hace mucho tiempo que dejé de tener insomnio, hace mucho que dejé de atacar para no sufrir. Por fin abandoné la autoexigencia, la férrea disciplina, el espejo maldito, la báscula de verdades relativas, la soledad de la rutina impuesta. Ahora soy feliz porque a pesar de tener que seguir una rutina yóguica, se trata de una rutina que me pide mi verdadero yo, se trata de un regalo a mí misma, al igual que me regalo tardes de paseos lentos, momentos de silencio absoluto y pizzas veganas abrazada a mi gata entre semana.


Soy feliz porque la prisa ya no me empuja, porque disfruto tanto conmigo misma que a veces pierdo la noción del tiempo. No puedo pedir nada más porque me lo he currado y por fin he aprendido a quererme.


Además ¿quién puede realmente dar si no sabe siquiera darse a uno mismo?


Felices fiestas a todos, espero que todos vuestros sueños y deseos se cumplan, que el año que viene os llegue lleno de abrazos, manos que os acompañen en vuestro camino, rayos de sol que os bañen la cara y momentos únicos de ese futuro que en breve será presente y se tornará en magnífico pasado.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por hacernos partícipes de tu felicidad, y por haberte querido -tú a ti- este año. Al hacerlo, hemos sabido quererte también más y mejor a ti. Aunque parece un trabalenguas, creo que tiene algo de sentido: los sentidos profundos a veces se manifiestan en palabras pequeñas. Felices fiestas, Martufla, y un beso grande con olor a ría.

Pekas dijo...

Un beso y un abrazo enorme desde esa terraza que mira hacia los cocoons...

Me alegro un montón y sonrio enormemente al leerte...

has icho una palabra clave.... escuchar... escuchar... primero a nosotros... pero no confundiendo caprichos con prioridades... sino escuchando desde el alma...oculta..
silenciada tantas veces... que su voz se ha tornado suave y lejana.. por eso nos hace tanta falta a los humanos pararnos y escucharnos en el silencio...

Lo dicho... un fuerte abrazo.. en silencio...

la granota dijo...

caray, envidia sana me das.

Pokol dijo...

pues a trabajar por dentro!!! Los cimientos son complicados pero luego llegas al tejado y hay unas vistas preciosas

Fer dijo...

Texto muy bonito. Espero que 2011 venga lleno de felicidad de la buena.

Vari dijo...

palabras perfectas. nada como encontrarse, y sentirse. sin embargo, no soy capaz de imaginarme a mí mismo viviendo en ese equilibrio tan increible que tú tienes; necesito mis desequilibrios.
Feliz año, te deseo lo mejor.