
Sigo pensando que nos creemos el centro del universo, nos pisoteamos y nos dejamos guiar por la rabia y el egoísmo, nos ponemos una careta con forma de sonrisa y lapidamos esos brazos que intentan tocarnos clamando ayuda.
Esta mañana vi a una mujer corriendo con su niño detrás del autobús. Éste partió sin inmutarse viendo cómo la mujer golpeaba la puerta con los puños para embutirse a tan sólo diez metros en el atasco de cada mañana. En la parada quedaba una mujer impotente y desolada. A su lado, un niño inocente que no entiende por qué su madre no puede subir a un autobús que sigue parado a tan sólo unos metros.
Y repito un poema..
1 comentario:
Qué bonita entrada, Pokol!
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