
Hoy soñé con escaleras mecánicas y con un abrigo azul marino con ribetes de rojo carmesí. Nos íbamos de la mano y los fantasmas quedaban sepultados, ahogados, torturados, lapidados bajo un manto de cubitos de hielo; sin mirar atrás y sin pensar demasiado en lo que vendrá, tan sólo exprimiendo momentos de azúcar, tan sólo idealizando y sopesando el equipaje de nuestro viaje. Maletas verdes, de color esperanza, para atrevernos a saltar más allá de una pantalla blanca. Un paso nada más y ahí estamos, en unas escaleras mecánicas, con un abrigo azul marino, con ribetes de rojo carmesí.
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así
tal vez
crezca de una vez por todas
y te muestre mi alegría
porque todos somos huérfanos
y solitarios en busca
de un alma
que nos sostenga
en vilo - a veces-
soy tú
casi sin saberlo
y mi isla desierta
es la ciudad abarrotada
en la que vivo
y el huérfano que tiene hambre
es mi otro yo
por eso
por ir a la deriva
dibujo un monólogo
en la viñeta de mis
vein- ti-cin-co años
como cuando esperaba
la lluvia en un poyete
con zapatitos de charol
Sara Herrera Peralta, La selva en que caí (Torremozas, 2007)
2 comentarios:
Feliz año a ti, linda. ¡Y gracias! :-)
Paso páginas de un libro de ilustraciones. Una escalera mecánica, un poyete, un río fluyendo parecen dibujos de Oscar Sanmartin en los libros de Tropo editores. Vuelvo sobre ellos y en el detenimiento me va raptando el sopor. Me duermo.
Aparece la inmensa escalera mecánica, como las largas tramadas del "tube" en Londres. Subo durante horas hasta que pienso que estoy llegando tarde a mi cita, así que empiezo a subir los peldaños por mi pie mientras la escalera ronronea en su monótona circularidad. Al fin llego a una placeta en la que él me espera en el poyete de piedra. Le cojo de la mano y ya no me acuerdo del pasado. Por el sendero adelante llegamos a un río de aguas someras. Nos miramos y sin mediar palabra sabemos que el futuro está río abajo. Subimos a una gabarra y dejamos flotar nuestro deseo sin dolor, ni pasado. Sólo con mi isla desierta, que es la ciudad abarrotada en la que vivo.
Y el huérfano que tiene hambre
es mi otro yo.
Qué bello el poema de Sara Herrera. Gracias por la entrada. Y alegría para el año 10. Besicos
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