miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un abrigo azul marino



Hoy soñé con escaleras mecánicas y con un abrigo azul marino con ribetes de rojo carmesí. Nos íbamos de la mano y los fantasmas quedaban sepultados, ahogados, torturados, lapidados bajo un manto de cubitos de hielo; sin mirar atrás y sin pensar demasiado en lo que vendrá, tan sólo exprimiendo momentos de azúcar, tan sólo idealizando y sopesando el equipaje de nuestro viaje. Maletas verdes, de color esperanza, para atrevernos a saltar más allá de una pantalla blanca. Un paso nada más y ahí estamos, en unas escaleras mecánicas, con un abrigo azul marino, con ribetes de rojo carmesí.


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así

tal vez

crezca de una vez por todas

y te muestre mi alegría


porque todos somos huérfanos

y solitarios en busca

de un alma

que nos sostenga

en vilo - a veces-

soy tú

casi sin saberlo


y mi isla desierta

es la ciudad abarrotada

en la que vivo

y el huérfano que tiene hambre
es mi otro yo



por eso



por ir a la deriva


dibujo un monólogo

en la viñeta de mis

vein- ti-cin-co años


como cuando esperaba

la lluvia en un poyete

con zapatitos de charol


Sara Herrera Peralta, La selva en que caí (Torremozas, 2007)




2 comentarios:

sara dijo...

Feliz año a ti, linda. ¡Y gracias! :-)

Anónimo dijo...

Paso páginas de un libro de ilustraciones. Una escalera mecánica, un poyete, un río fluyendo parecen dibujos de Oscar Sanmartin en los libros de Tropo editores. Vuelvo sobre ellos y en el detenimiento me va raptando el sopor. Me duermo.
Aparece la inmensa escalera mecánica, como las largas tramadas del "tube" en Londres. Subo durante horas hasta que pienso que estoy llegando tarde a mi cita, así que empiezo a subir los peldaños por mi pie mientras la escalera ronronea en su monótona circularidad. Al fin llego a una placeta en la que él me espera en el poyete de piedra. Le cojo de la mano y ya no me acuerdo del pasado. Por el sendero adelante llegamos a un río de aguas someras. Nos miramos y sin mediar palabra sabemos que el futuro está río abajo. Subimos a una gabarra y dejamos flotar nuestro deseo sin dolor, ni pasado. Sólo con mi isla desierta, que es la ciudad abarrotada en la que vivo.
Y el huérfano que tiene hambre
es mi otro yo.

Qué bello el poema de Sara Herrera. Gracias por la entrada. Y alegría para el año 10. Besicos