lunes, 27 de octubre de 2014

Ventana de Emergencia

Como hace diez años vuelvo a vivir con estas hojas caídas las horas de un largo vuelo. Que nadie nunca llegó tan dentro y yo, con tan sólo una sonrisa de armadura, desmontada, y el corazón asesinado de tristeza y jetlag, volvía a casa. Veinticinco horas en tierra de nadie,  buscando una ventana de emergencia. Y si aquello no era grave, si aquello no era urgencia, por qué un cristal blindado sin salida, en el que solo pude soplar la angustia de mis vahos malteados, con el agua de la espera condensada gota a gota cayendo al vacío, una a una, volviendo a mí. Escondidos los misterios no hay naufragio, ni palabras perdidas en el mar. Aquel puño de acero que dejó marcas de lunares inmortales cayó profundo, ancló un barco que me desterraba a un exilio lavado con lejía.

A ti hoy no te permito que reavives la hoguera de la memoria con hojas aún húmedas de lágrimas rojas, no te permito que las ventanas de mi refugio se conviertan en un cristal blindado, en una falsa ventana de emergencia, que con el otoño pierdo mis hojas y con ellas olvido mi memoria. A ti solo te permito que tus ojos se vuelvan ámbar y que tus piernas sean las caricias de ocho patas de araña. Que sólo el otoño me roba la luz y yo sigo escribiendo mis versos en prosa, aprendiendo a no tener miedo al atardecer, a la noche siempre loca, al sobresalto del amanecer. A ti solo te permito acompañar palabras que nacen, que son música al azar, dedos que buscan el cielo, chispas de un fuego nacido en verano, cuidado bajo árboles de otoño, que se despiden de sus hojas y que entierran su pasado. 

Foto: Sergio Virto

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