martes, 29 de julio de 2014

A paso de travesía, que aún queda

Me despierto con la cabeza embotada, la boca seca, momentos de conversación y gin tonic salpican el despertar, dolor y risa, realidad y fantasía perdida. Preparo la peor mochila de mi vida dejando olvidados crampones, línea de vida, camiseta de repuesto y lectura pero la necesidad de cruzar la muga, de perder cobertura y lanzarme de cabeza al cielo me hacen ir deprisa.

Camino a Neouville me pierdo entre las curvas de Navarra antes de juntarme con Jon en Behobia. Pienso en todos mis viajes, en mis salidas y me dejo llevar de nuevo al pasado en cada canción. Joni Mitchell con su A Case of You , todo un flechazo en pleno Dolomitas. John Butler Trio y tardes de BBQ and Victoria Bitter en un jardín de Wollongong en Australia. Fade into You de Mazzy Star, mi mejor viaje de autostop en el corazón de New Hampshire en EE.UU. Dawn Landes, gran new country y un amanecer en autobús camino de Dublín preguntándome por qué no me atreví a besar a aquel chico de ojos verdes. Cocorosie y mi primer verano de vuelta al lugar en el que nací, la gran urbe en mitad de la península, un punto y aparte ahogado por el calor, las cañas y la sierra de Guadarrama. Mi tan admirada Suzanne Vega...Rosemary..."Some things just don't get through, into this world, although they try". Y sin haber aún comenzado llego con la sensación de haber viajado al infinito de mi universo en tan solo 55 minutos.

Este fin de semana toca otro universo. Compartir con mi mejor compañero de cordada, aquel en quien confío y admiro por ser un montañero de esos de libro y no de los de patrocinio. Una persona que vive la montaña, que la entiende, la admira y la comparte sea fácil o difícil, sin más pretensión que la de disfrutar y leer las guías para conocer y admirar, no para tachar.

Me siento segura, me siento bien, aunque no puedo evitar que mi cabeza se pelee intentando vencer el miedo de las sensaciones de los últimos meses. No quiero agitar la respiración, no quiero subir mis pulsaciones, tengo miedo a que aparezcan los mareos de nuevo. Hago memoria de montaña, intento recordar buenas sensaciones y sí, voy bien, paso travesía, con calma, mirando al frente. Seguimos subiendo y hay mucha nieve. Piolet y bastón. Voy tranquila, pero llega un momento en que miro la nieve y siento que la vista se nubla un poco, vuelve el sabor metálico a la boca, el nudo en el estómago. "Jon, me duele la cabeza". "A mí también". Y el miedo se va de golpe. No soy yo porque ya estoy bien. Será la altura, las nubes, la nieve o la falta de sueño, pero no yo. Sigo. Cima y abajo. Aún nos queda y siento lo flojita que me ha dejado un mes de emociones intensas. Continuamos pero abajo el lago no se hace más grande así que me divierto emborrachada de cansancio, Jon adivina qué quiero y no es cerveza, empieza por la letra N, pero claro, después de quitarme las piernas para descansar. Y si me tiro rodando, ¿llegaré antes al coche? Noooo, Jon, es nocilla, pero de la de dos colores, después de la cerveza.

Noche de sueños entrecortados, vuelvo a caer escalando y siento el golpe seco contra el suelo, aunque esta vez no duele. Despierto. Las 6. Jon shhhhhh, sigue durmiendo que es pronto. Desayuno silencioso, demasiado cansada para entender mi miedo pero consciente de ir con un gran escalador. Aunque hoy me cueste hablar brilla el sol y en cada reunión canto "The city sirens keep me awake. But I knooooow I'll see you again in the loooong run..." Mi compañero disfruta y yo le sigo..."And I knooooow...I'll meet you again in the looooooong run...". Encogida en la reunión miro el lago, cierro los ojos y escucho el viento, qué distinto suena aquí arriba, y mientras espero mi turno, me descalzo y siento los pies descalzos en la pared a más de 2000m de altura. Con los dedos de los pies toco la pared, monto un dedo sobre otro, me observo desde fuera y simplemente pienso que llevo muchos pasos pero que aún me quedan muchos más.

Cimas y vías pero, sobre todo, un gran trayecto. A paso de travesía, claro, que aún queda...





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