miércoles, 11 de junio de 2014

Cuatro dorsales por delante

Siempre me cuesta parar. Siempre veo, pero no quiero mirar porque sé que cada vez que paro, me pilla una pequeña tormenta. Lo que ocurre es que también se me olvida que después de la tormenta sale el sol y brillan las estrellas.

Estoy parada, observando y escuchando. A veces me abrumo con esta hipersensibilidad que me da tanta información, tantos avisos e intenciones, que me hace ver el cariño y asustarme con él, que me hace ver los límites y enfadarme. Pero no me queda más remedio ahora: tengo que escuchar y observar.

Son momentos. Me toca utilizar los oídos y no las piernas, las manos y no los brazos, el corazón y no el cerebro. Me toca aplicar en mí misma todo aquello que he aprendido durante casi diez años, dejar de cuidar, de aconsejar, de aprender, de investigar, de saltar de experiencia en experiencia y quedarme aquí. Cuidándome.

Es sencillo cuidar, es sencillo enseñar, pero qué difícil es aplicar y mostrar. Frustración, culpa, exigencia...Y a veces me pregunto, ¿por qué yo? Claro que lo sé. Todos tenemos dos lados, el que mostramos, el que contamos. Luego está ese lado oculto, el que no nos gusta, el que ignoramos, es el patito feo, hay que convertirlo en cisne.

Tengo cuatro meses, quiera o no quiera, me guste o no me guste, para dedicarme a este patito y convertirlo en algo bello, digno de ver. Cuatro dorsales por delante, cuatro meses de mimados intensivos, muy buenos alimentos y reposo. Seguiré corriendo (cuando pueda), seguiré nadando (cuando pueda), seguiré dando pedales (cuando pueda) y seguiré yendo a mis carreras (sin miedo), aceptando que quizás haya retiradas, aunque caminando o corriendo, supongo que llegaré al final de esta fase, al final de cada carrera. No pasa nada, llegar hasta allí habrá merecido la pena.
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Después de varios días de descanso sigo perdiéndome entre las sábanas. Noches de sueño eterno, calma y lectura. Me encuentro de nuevo con palabras que me llevan a la soledad del desierto en Australia, aquellas noches durmiendo a la intemperie, escuchando el trotar de los caballos salvajes y el aullido de los dingos. Nada es casualidad y me gusta recordar la imagen de los aborígenes la primera vez que puse un pie en el centro de Australia: calmados, tranquilos, lentos, presentes, sabios, muy sabios. Nada llega por casualidad. Tomo ejemplo, me cuido y me vuelvo lenta, presente y si no sabia, un poquito más consciente.


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"Era una delicia hallarse entre gente adulta que no había perdido el sentido infantil de la diversión, tan importante siempre. Echaban a correr hacia el sol, alejándose de la nube y mofándose de ella por la lentitud con que se movía. Luego volvían a refugiarse bajo su sombra y me decían que el aire fresco era un regalo". 
Las Voces del Desierto, Marlo Morgan


2 comentarios:

MISTERRORESFAVORITOS dijo...

Como molas Pokol , siempre inteligente e introspectiva . Un placer leerte. Slds

Pekas dijo...

Veo que la Primavera avanzada, nos acerca ecos de nuestro pasado... ( hablo en plural...porque yo ando en senderos parecidos a los tuyos... curiosamente en mí.. ya que soy persona más de otoño...)

Cada día un poco más conscientes.. ese es el camino...

Abrazos conscientes...

PD. El texto de las voces del desierto.. no lo recordaba.. es bello.. gracias.. ;-)