viernes, 29 de julio de 2011























Sigo sin tener tiempo más que para hacer lo que siempre quise hacer, sigo viviendo el presente como un regalo, cada día como la mejor de las sorpresas, cada segundo de libertad como la mejor decisión.

Veinte días de yoga y nada más aterrizar visita de las sisters a País Vasco. Seguimos con nuestras conversaciones filosóficas de siempre: el apego, la libertad, autorrealizarse...No podemos ser más porque ya somos, todo es y en todo estamos, todo está en nosotros aunque a veces se nos olvida mirarnos, buscamos fuera en vez de sacar lo único y especial que tenemos dentro...

Lavo ropa, empaqueto y me voy de nuev0. Me esperan unos días de navegación por las Landas, jornadas de cocina macrobiótica y una incursión por tierras catalanas...

No tengo tiempo que perder...


--------------------------

Pues bien, al encontrarse con el sennyasi, el aldeano le dijo:

–¡No lo puedo creer!

–¿Qué es lo que no puede usted creer?

Y el aldeano respondió:

–Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor Vishnú me decía: “Mañana por la mañana abandonarás la aldea, hacia las once, y te encontrarás con sennyasi errante. ”Y aquí me encontré con usted.

–¿Qué más le dijo el Señor Vishnú? –le preguntó el sennyasi.

–Me dijo: “Si el hombre te da una piedra preciosa que posee, serás el hombre más rico del mundo.”

…¿me daría usted la piedra?

Entonces el sennyasi dijo:

–Espere un minuto.

Revolvió en un pequeño bolsillo que llevaba y dijo:

–¿Será ésta la piedra de la cual usted hablaba?

Y el aldeano no podía dar crédito a sus ojos, porque era un diamante, el diamante más grande del mundo. Lo tomó en sus manos y dijo:

–¿Podría quedármelo?

–¡Por supuesto!, puede conservarlo –respondió el sennyasi–; lo encontré en el bosque. Es para usted.

Siguió su camino y se sentó bajo un árbol, en las afueras de la aldea. El aldeano tomó el diamante y ¡qué inmensa fue su dicha! Como lo es la nuestra el día en que obtenemos algo que realmente deseamos.

El aldeano obtuvo el diamante y, luego, en vez de ir a su hogar, se sentó bajo un árbol y permaneció todo el día sentado, sumiso en meditación. Y, al caer la tarde, se dirigió al árbol bajo el cual estaba sentado el sennyasi, le devolvió a éste el diamante y le dijo:

–¿Podría hacerme un favor?

¿Cuál? –le preguntó el sennyasi.

–¿Podría darme la riqueza que le permite deshacerse de esta piedra preciosa tal fácilmente?

1 comentario:

Pekas dijo...

Disfruta.. del SER.. del ESTAR...