sábado, 27 de marzo de 2010

Un cuento perfecto

Anoche escuchaba una entrevista a Juan Diego Botto y Ernesto Alterio. Hablaban de amor por el trabajo, de esfuerzo, de implicarse en el proceso, de la necesidad de contar historias importantes sin importar el resultado. Palabras que hacían burbujitas en mi cerebro rumiante.

Anoche abrí mi buzón y ya tenía conmigo un nuevo libro de Ediciones Torremozas, La última noche de Blanca Anderson Córdova. Cada mes es un regalo y una sorpresa. Dejo el paquete en la entrada, me quito el abrigo, cuelgo el bolso, corro a coger un boli y, ya sentada en el sofá, rasgo el sobre, firmo el libro "Pokol...2010"y no puedo evitar dejar de lado lo que sea que tuviera que hacer para hojear y ver de quién son los sueños que me iluminarán en las próximas horas. Leo el prólogo y mi cerebro recibe más gaseosa: "Hay un escritor que prefiere, por ejemplo, fumarse un cigarrillo, salir al balcón, leer versos de las flores del mal y sentarse a escuchar grillos, con cierto aire de tristeza, claro (porque tendría que escribir, es una necesidad pero se la niega) y se sienta en su balcón, lleno de dolor satisfecho mientras el globito de la vanidad se le infla un poquito y se le revienta y se le mueve por la sangre, mezclándose con el vino o el humo o el verso que acaba de leer y se siente tranquila, tranquilita, admirándose casi, disfrutando de ese momento, de su cuerpo ahí puesto, como el punto final a un buen cuento, el punto final de la oración perfecta que cierra un cuento perfecto".

A mi derecha tengo un magnífico té chai especiado con leche. Si miro a través de la ventana veo un día despejado, La Cabrera al fondo, impertérrita. A mi izquierda me acompaña María Moliner y en mí fluyen y convergen mil ideas y palabras. Un ratito más de escritura, un ratito más de entrega a este mundo y un cuento más para la colección.

1 comentario:

Pekas dijo...

Ciertamente... perfecto... todo...

:-))))