
A veces nos lleva tiempo retomar un camino, descubrir otro y, mientras tanto, los inviernos se suceden uno tras otro. Sin tregua, sin pausa, atrapándonos como las hojas del otoño, aislándonos con la niebla que baja, sube, viene y se va, siempre tan suya...
De nuevo estoy protegida contra el frío, con mis botas, aquellas que me llevan lejos, muy lejos, a cimas y valles, a fuentes y cascadas. Como las de Bustarviejo y Canencia, ¡que se querían esconder entre la niebla!
Con Oti, Pablo, Blanca, el Lagar y la preciosa Cleka, ¡faltaría más! Comimos almendras, nueces y pan de pueblo (yo no).
Charlamos a la ida y, a la vuelta, nos dejamos invadir por la niebla, dejamos que se nos meta por la nariz y volamos lejos, quizás no tan lejos como el Pico del Lobo, pero ciertamente no en Bustarviejo.
Volamos con nuestros pensamientos y jugamos a hacer listas mentales de ilusiones mientras doblegamos el dolor y lo expiramos, para que se pierda entre tanta niebla y se filtre en las fuentes y cascadas.
Las de Bustarviejo, claro.


En la vida, los destinos están casi siempre separados: quienes comprenden no son los ejecutores, y quienes actúan no comprenden.
Castellio contra Calvino, Stefan Zweig

6 comentarios:
Bonita lectura, paisajes y pensamientos.
Un saludo.
...las causas me andan cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se me viene enredando
poderoso, invencible...
(Silvio Rodríguez)
Vaya pateada guapa que os dísteis!
Mua!
... y kómo se llamará la fuente esa del Puerto de Kanenzia? ...
"Se puede demostrar que toda matriz tiene una forma escalonada reducida única; es decir, se obtiene la misma forma escalonada reducida de una matriz dada sin importar cómo se hagan variar las operaciones en los renglones"
(Introducción al Álgebra Lineal. Anton, Howard. Limusa-Wiley, 2003)
Saluz
Vale, me he quedado...¡algebreada!
Pues yo sé cómo se llama la fuente...Pero...No digo nada...
canencia.....lo tengo pendiente para subirlo en bici...de esta primavera no pasa y luego a trincar agua de la fuente que llegaré sedienta....fijo
Quedé atrapada en aquella estancia. La fuerza de la luz se matizaba a través del ojo que en lo alto miraba al mundo. Las horas, los días, las estaciones, marcaban una línea en el suelo donde yo, sentada con la cabeza baja, era mera observadora.
Pasaron muchas idas y venidas de aquella línea de luz a mis pies y sólo puedo recordarlo con un suspiro.
A veces nos lleva tiempo retomar un camino, descubrir otro y, mientras tanto, los inviernos se suceden uno tras otro.
La puerta se abrió y tomé el camino del paisaje que dejaba al ojo en el muro a mis espaldas.
No volví la vista atrás.
Quizá encontrara las fuentes de Bustarviejo. Al fin.
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