Fin de semana de visita y de retorno. No había vuelto desde marzo. Entre viajes, proyectos y paredes tenía olvidado el verde de sus valles.
Pensaba escalar un poco con Antton pero parece ser que no nos reservaron el sol para este fin de semana, así que nos tuvimos que conformar con darle un poco al biceps en el rocódromo de Oiartzun y dejar que nuestra mente volase entre conversaciones de proyectos, reseñas y divisar pequeñas escuelas vascas empapadas de lluvia por el camino.
Un sitio pequeño, pero bien cuidado. Poca gente, pero con buen coco. ¿Por qué los vascos están fuertes y trepan? Pues porque, visto lo visto "¿Que hay que subir? ¡Pues se sube la ostia!"
Dos horitas dándole a machete y la comida ya está ganada.
Así que nos vamos de nuevo a Hondarbi y, en el coche, Yanitz duerme plácidamente a mi lado, con sus interminables pestañas rozando el cielo... Si sus brazos son igual de largos cuando sea mayor, será un buen escalador. Ya somos 3 en la familia, así que lo tiene fácil.
Y nos juntamos todos ¡Vaya sorpresa! Yo, que no aparezco desde Navidades. Ya me vale. Aparece mi abuelo y, por primera vez en mi vida, es él quien viene a mí y me da un abrazo. Así que respondo y, no sólo le doy un abrazo, sino que me quedo pegadita a su lado y le doy un beso. ¡Cómo cambian las cosas! Le cae una lagrima. ¡Pero abuelo! Y me siento bien. Más vale tarde que nunca...
Disfruto de la comida, de estar cerquita de todos, de mi padre, que está en un buen momento. De Marixol y de sus comentarios desacertados...
Aún así, como siempre fui niña mochila, ahora ya mujer, lo sigo siendo. Así que la vuelvo a cargar a la espalda y cambio de destino. Toca visita a Zarautz. Pero antes me voy a Getaria, a la inauguración de un negocio. Y, como es norma habitual en estas tierras, seguimos dándole al codo y al morro. Más vino y deliciosos canapés. Saludo a todo el personal y ya cansada de la lluvia y con dolor de cabeza de tanto txakoli y tanto vino, pongo rumbo a Arbe Gain, a desconectar, a disfrutar del silencio, de la niebla de los valles y de la profundidad de sus sueños.
Al día siguiente paseo con mi madre por Zarautz. El mar está picado y llueve, pero nosotras compartimos la sonrisa y un croissant, un momento dulce. Nos acercamos a casa de Maite y de la madre de Josu. ¡Más dulzura para la mañana!
Y qué mejor para terminar el fin de semana que comer un buen rodaballo del chef (Josu), con su vinito y con la vista perdida en Pagoeta e Izarraitz rematada con una buena siesta
8 comentarios:
me alegro de tu fin de semana... bonito e intenso por lo que veo.... ains... mis tierras.... yo hace más que no voy :-(((((((
besitossss
Que bonito es Euskadi. Los vascos apretan a saco y lo mejor es la tradición pore el monte y la escalada que tienen... Tenemos suerte de tener cerca gente de allí jejejjeje
Un beso y hasta la vista alpinistaaa (hasta dentro de nada jejejjeje) La primera visita ya ha sido del Pipaaaaaa jejjeje
Pues sí, mucha tradición, mucha!!!
Muxus y hasta la vita alpinista!
Siempre está bien volver la vista a trás, y bueno..no está mal de vez en cuando no perder la vista tus raices.
Que buen fin de semana no?
Las vueltas a casa llenan a una de mucha energía para mirar la vida con otros ojos de conquista.
que bien te lo montas
Besos
Pues sí chini, buen finde y un montón de buena energía (por la buena comida y la buena compañía)besos
Familia, paseos, roco, recuerdos, buena gente, buena comida... por supuesto.
Bss
Hola !!
Cantidad, variedad y calidad, ese es el kit de toda actividad, jajaja.
A este paso, los desplomes esos en los que te mueves de 180º, se te van a kedar pequeños en patones, va a tener que poner otro cañón paralelo al que ya hay y unido por arriba a modo de bóveda para los más aguerridos...jajajaj.
BSS, Diego. ;-)))
O poner aceite en las presas!!! jeje
Publicar un comentario