martes, 18 de marzo de 2008

El Escritor de Novelas Baratas

Yo no soy un artista, no soy un influenciador de las mentes rápidas, retorcidas y hábiles de las élites de nuestro mundo. Yo represento a la inmensa minoría que ni sabe ni quiere saber. Represento a todos aquellos cuyos padres sólo muestran la diferencia entre gol y penalti o la plenitud y grandiosidad que siente uno al sentarse en el sofá frente al televisor viendo cómo la señora A denuncia públicamente las agresiones de su marido, aunque nunca lo haga ante la policía, y cómo la señora B se siente orgullosa de sus kilos de más , aunque más tarde llore desconsolada en la ducha mientras recorre con sus manos el irregular cuerpo que la acompaña de forma inevitable día y noche.

Hace tiempo quise cambiar el mundo a través de la escritura, pero la edad y la experiencia me han mostrado la imposibilidad de mi sueño. Al igual que la inmensa mayoría, me encuentro vacío de emociones e inquietudes. Aquellos sueños que me asediaban continuamente en mi infancia se han esfumado, al igual que el brillo de mis ojos o la sonrisa de mi boca.

Dentro de mí ya no queda nada porque he pasado a formar parte de la gran masa. Sucumbí a la gran tentación de querer ser diferente para darme cuenta de que, en el fondo, todos somos iguales porque somos humanos y de que ser diferente no es más que un acto de egoísmo e insolidaridad.

Ahora he conseguido ser feliz porque ya no me preocupo, YA NO PIENSO.

Cuando era joven tenía la firme convicción de que para ser feliz había que traspasar fronteras y aprender a ver los colores desde una nueva perspectiva. Todo esto sólo me supuso una larga suma de derrotas y frustraciones que me llevaron al camino de la pasividad que sigue nuestro mundo.

Mis primeros libros fueron el mayor fracaso de ventas de la historia, a pesar de que la crítica me señaló como “el nuevo escritor de denuncia social del siglo XXI”. Pero la crítica me trae sin cuidado, principalmente porque no me importa si leen mis libros o no, y menos aún las teorías o significados yuxtapuestos derivados de estos que se quieran inventar. Sólo sé que mi objetivo no se cumplió: no conseguí compañeros de viaje en mi camino hacia la felicidad.

Vivo rendido ante lo imposible. Por eso ahora sólo escribo sobre lo cotidiano, lo trivial, lo pasajero...Ya no quiero ir más allá. Una vez pasé al otro lado, lo vi todo desde fuera y sólo pude sentir soledad, angustia, MIEDO. Yo quería llegar a algo más, quería salir de la rutina de la sociedad y poder sentir lo etéreo y lo real, quería salir de un mundo de sencillez que me frustraba día a día. Pero cuando lo dejé, lo eché de menos.

Mi último libro se titula “Nada de qué hablar” y no habla de nada. Sólo narro historias sin ningún tipo de trasfondo social o cultural. Son simplemente historias. Nada más. No tengo nada más que contar porque estoy vacío y porque los demás ya no quieren escuchar. Nadie quiere oír, ver o hablar porque nos hemos quedado sordos, ciegos y mudos. Este es nuestro futuro: nada de qué hablar.

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